Diario de una cuarentena: Día 1 - Teletrabajar con tus hijos encima de la cabeza

Diario de una cuarentena: Día 1- Teletrabajar con tus hijos encima de la cabeza

Primer día de encierro.
Esto pinta bien.
Quién nos lo iba a haber dicho hace una semana.

Nos hemos despertado a las 9, porque yo tenia una conference de curro a las 10, y hemos desayunado todos juntos. Ha sido extraño, porque nunca lo hacemos así. Luego nos hemos aseado un poco, que por mucha pandemia que haya tampoco hay que descuidarse. Me he venido arriba y a punto he estado de ponerle a los niños el uniforme, aunque al final me he controlado.

Para continuar hemos distribuido tareas: yo en el salón a trabajar, la peque a recortar figuras en su cuarto, el mediano con problemas de mates y la mayor con física y química. Me he arreglado de cintura para arriba y me he dejado el pantalón del pijama. Porque yo lo valgo. Todo parecía controlado. Ingenua de mí.
A mitad de la conferencia con mi equipo, se ha escuchado de pronto un grito que provenía de mi casa. No me ha dado tiempo a silencia el micro:
– ¡Mamá, he hecho caca y ya he terminado! – reclamaba mi hija pequeña desde el baño.
Parece que todavía escucho las risitas de mis compañeros al recorrer el pasillo para ir a limpiarla.


Después de la bochornosa reunión, ronda de vigilancia por la casa: la pequeña había tirado el vaso de agua por la mesa y chapoteaba con los dedos, el mediano jugaba en la tablet al Mine Craft o como se diga, que yo no me entero qué gracia tiene el juego ese, y la mayor, cómo no, repasando Instagram. En el momento no me pareció mal del todo, aunque les puse firmes con el primer grito de la mañana. ¡A trabajar todos!


Muy convencida me senté a preparar una presentación de las medidas adoptadas por nuestra empresa debido al coronavirus, pero resulta difícil concentrarse con todo lo que está pasando. Al menos me consuela pensar que no tengo que pasar la cuarentena con mi ex.
Después de escribir dos veces la palabra “infección” tuve que ir directa al baño a lavarme las manos. De vuelta desinfecté el teclado de mi ordenador, la pantalla y los cables. Nunca se sabe con el bicho este.

– ¿Qué hora es? – preguntó la pequeña justo cuando empezaba a ser medianamente productiva.
Miré el reloj y a punto estuve de soltar un grito. No sé cómo es capaz de acertar la hora si aún no sabe manejar un reloj.

– Son las 12 cariño – suspiré mientras cotilleaba los grupos de whatsapp, que soltaban humo a esas horas. 234 mensajes sin leer. Madre mía.

– Es que en el cole comemos a las 12.

– Ya – intenté explicarle – pero esto no es el cole.

–  Tengo hambre – mi contestación no pareció interesarle demasiado – ¿qué vamos a comer hoy?

–  No lo sé cielo. Con esto del fin del mundo tengo la nevera pelada. Ayer cogí lo que quedaba, y mira que intenté cambiarle a un señor una docena de huevos por un pollo, pero me miró raro y amenazó con toserme.

–  ¿Qué es el fin del mundo? – preguntó con inocencia.

–  Nada…nada…hija – eché balones fuera e hice repaso mental de lo que nos quedaba en la despensa – ¿Te apetecen macarrones con tomate?

–  ¡¡¡Sííí!!! – contestó emocionada.

Pues hala, otro día pasta, pensé. Tampoco creo que les pase nada.

–  Si quieres puedes ver un rato dibus y cuando esté lista la comida te aviso, ¿vale?

–  ¡¡¡Bien!!! – gritó entusiasmada y se fue dando saltitos hacia el salón.

Tuve que ceder, pero así son las guerras. Al menos disfruté de quince minutos sin interrupciones que aproveché para contestar unos mails pendientes, hasta que apareció el mediano indignado.

–  ¡Qué morro! A ella le dejas ver la tele y a mí no.

–  Ya hijo…qué quieres que le haga. Haber sido el tercero en nacer.

–  ¡No es justo! – refunfuñó.

–  Así es la vida cariño. ¿Qué quieres?

–  Tengo que conectarme con tu ordenador para una clase a la 1. La tablet es una birria y no tira.

–  Claaaaro cielo – respondí sin mucho convencimiento – Usa mi ordenador, total….

En fin, que primero había que configurar el correo de la escuela, después de buscar la maldita contraseña por todos lados, que al final resulta que era su propio nombre, aquí mi hijo el iluminado en ciberseguridad. Luego había que descargar el Meet, el Classroom, el ClassDojo y el Savia Digital. Yo de paso aproveché y me actualicé el Tinder. Pero resulta que como no cargaban con el Explorer, aunque lo actualizamos dos veces, probamos con Firefox, que tampoco funcionaba, y luego con Chrome, que ese sí iba bien, y cuando al fional logramos conectarnos eran ya las 3 y la clase había terminado. Madre mía.


Mientras tanto la peque se había quedado dormida en el sofá viendo la tele y la mayor se había planificado a la perfección la mañana para verse la segunda temporada de Élite.


Desbordada, me derrumbé en el sofá y revisé los chats del cole. 376 mensajes pendientes. Madre mía. Una de las madres me avisó por privado que había que hacer con la peque un trabajo sobre la prehistoria. Con el pelo revuelto, las ojeras de varios días y el pantalón del pijama, a punto estuve de hacerme una foto y mandársela a la profe. Y todavía tenía que hacer los macarrones y terminar la presentación.


Primer día de encierro.
Esto pinta bien.

 

Día 5

Día 13

Share this:
3 Comments
  1. Justin 28 marzo 2020 at 05:34 - Reply

    Long time supporter, and thought I’d drop a comment.

    Your wordpress site is very sleek – hope you don’t mind me asking what theme you’re using?

    (and don’t mind if I steal it? :P)

    I just launched my site –also built in wordpress like yours– but the theme
    slows (!) the site down quite a bit.

    In case you have a minute, you can find it by searching for «royal cbd» on Google
    (would appreciate any feedback) – it’s still in the
    works.

    Keep up the good work– and hope you all take care
    of yourself during the coronavirus scare!

  2. TRUCO Y EDUCO 13 julio 2020 at 11:12 - Reply

    ¡You’re welcome! Check our YouTube channel for more information https://www.youtube.com/c/TrucoyEduco ?

Leave a Comment

Your email address will not be published.